sábado 5 de septiembre de 2009
Retomamos los sueños
Atlantis luce coral mortecino. Sus gaviotas, repletas de salpicaduras de azufre, se zambullen entre sus plazas, mercados, azahar empapado.
Hoy no es noche de penurias ni demencias. Muerte y Suerte están de viaje; la flor de la fortuna marchita por el calor, y ahora llueve, diluvia sin compasión, ahogando las lamentaciones, limpiando el espacio para trabajar sobre asfalto enjuagado en lágrimas de septiembre.
Las algas sustituyen al roble, sardinas a los gorriones y tiburones a las deslumbrantes lechuzas, que ahora sólo son mujeres normales y corrientes.
Harley no pudo abrir la ventana de su habitación, así que leía sobre corsarios y viajes al Nuevo Mundo mientras ensoñaba con el descubrimiento de algún rincón nunca visto, jamás mancillado por la mano de sus conciudadanos.
Un salmón gigante golpeó el cristal con su hocico y siguió camino sin rumbo pero con aleteo alicaído.
Vista desde el lado opuesto, la muchacha se confundía con los tonos del reciente océano. Sólo sus largas greñas negras y lisas destacaban entre sombras añiles, mimetizadas con el pulpo que minutos antes había pescado.
Por un momento se preguntó qué le acontecería a sus afanosos -en suicidio- vecinos del barrio, pero la curiosidad le duró poco, pues tenía cercenada su visión por la densidad del agua y la escasez de luz a aquella profundidad.
Continuó leyendo y al poco cayó en aquella cualidad con sueño.
Soñó con ballenas asesinas, tesoros enterrados en islas paradisíacas, viajes al extremo de la Tierra, puertos de salitre, ancianos ávidos de aventuras hasta el fin de sus días, piratas amantes de su extensa y siempre vencedora patria, engañosas taberneras más curtidas que muchos marineros, sabuesos de hurto con navaja oxidada.
Se despertó -o eso creía- en el mayor de los desiertos de arcilla.
Extensas dunas rojas y naranjas le rodeaban, silbando. Se levantó, libro en mano, y comenzó a caminar hacia lo que parecía ser un atardecer sin fin.
No tardó en aprenderse la plantilla del suelo: dos dunas medianas, una grande, tres pequeñas, otra mediana y dos grandes.
Renunció al quinto intento.
Intentó leer para matar el tiempo, pero comprendió el impedimento cerebral: mientras se duerme es imposible ver e identificar palabras.
Gritó, saltó y le pegó patadas al aire a ver si chocaba con la puerta del armario agujereado, pero no conseguía despertar.
Entonces se concentró para pensar en otra cosa y, de ese modo, controlar lo que le rodeaba. Un recuerdo fugaz vino a su memoria a corto plazo y le trajo desde los aires un pescado. Sonó a saco de fruta al chocar contra el suelo.
El hambre le podía incluso inmersa en el imperturbable reposo. El atún se frió solo; comió con gula y sin saciarse.
Hizo figuras en la arcilla, conversó con su gato -ahora hablador- sobre las especies que se incluían en su familia de carnívoros. Ambos llegaron a la conclusión de que querían ser el último par de enormes tigres de Bengala.
Siendo felino, Harley galopó abarcando el pie de las dunas con ágiles saltos. Juntos, ama y mascota, se deshicieron del regular desierto para adentrarse en la Grecia portuaria de las leyendas atenienses.
Ícaro, el único hombre en la faz de la tierra que realmente podía considerarse negro azabache, regentaba un discreto bar de la capital.
Por las noches acostumbraba a hacer monólogos emocionantes sobre dioses menores. A pesar de sus errores, aprendió en su intento por alcanzar el Sol que no era conveniente acercarse al carro de Helios.
-Imagina lo que me hubiera pasado si llego a inventar el submarino, ¡con el mal carácter que tiene Poseidón!
Por instinto, se giró a sendos lados para comprobar que el aludido no estuviera detrás de él, sentado en alguna mesa de su local, bebiendo tal vez una jarra fría de panacea líquida, como cualquiera de sus clientes más frecuentes.
-Claro que el inventor era mi padre. Yo... ¿podrías dejar a tu gato fuera? Ya me cuesta pedirle por favor al señor del Averno que no venga con su chucho de tres cabezas. Si se entera de que dejo entrar a estas adorables bolas de pelo tal vez me haga pagar más tasas en el peaje de Caronte. Lo siento, hablo mucho. Je, ya sabes, ¡soy Ícaro el monologuista! Alabad mi don de la dialéctica para estúpidos mientras Sócrates no venga aquí con la suya, que también es for dummies.
Con educación, Harley se marchó con el siamés a otro lugar en donde sirvieran pescado fresco o, en su defecto, sentido del humor desinteresado.
Cogió un ferry a la Ciudad Perdida, más o menos por el Egeo.
-¡Pst! ¡Harley! Si está perdida, ¿cómo sabes que se encuentra por donde estás?
- Laín, deja de entorpecer el curso de la historia. ¡Esto es un sueño! La inverosimilitud rige los acontecimientos del trayecto.
-Y lo dice la protagonista de turno. ¡Anda y vete al cuerno con tus fantasías de personajes legendarios!
El figurín carmesí desapareció dando una vuelta completa al palo mayor del que se agarraba.
El barco llegó a su destino, pero no pudo alcanzarlo con su cubierta de madera.
La ciudad se concentraba en el fondo del mar, brillante y seductora, de perla maciza. Los tripulantes se asomaban repartidos entre babor y estribor admirando el paisaje a sus pies, pero desconcertados. Harley, dueña de la acción, cogió carrerilla y saltó al agua.
La luz entraba a través del cristal antibalas.
Misifú, aún asustado por la precariedad del salto de su dueña, yacía arrinconado en una esquina de la habitación, bajo la atenta mirada del mural de redes de la Reina.
Ya no llovía, tampoco apestaba a dorada ni a pez gallo.
-¿Sabes? Tal vez, algún día, consiga hacer de este montículo de rascacielos homicidas la ansiada metrópolis sumergida en riqueza, solemnidad, cultura e inmortalidad. Atlantis conocía muy bien la importancia de que se escribiera sobre ella, de que se la leyera con amor y deseo.
El gato maulló con miedo.
-No temas, no es necesario que llueva tanto.
jueves 19 de marzo de 2009
Lorca y Cía.
Módulos regulares repletos de discos me rodean, curiosos. Un sofá-cama, más cama que sofá -para mi fortuna-, en el que las sábanas callejean; no hay rumbo alguno para las telas que me han resguardado del frío de esta noche.
Mucha luz, a dos bandas y media. Desde aquí se huele el mar, imposible de oír bajo las tubas y violas que como huésped me acogen con rigor casi medieval.
Y entre partituras y lienzos de acrílico y témpera, la Gata sufre por su abuela en Alzheimer. Cada día está más borracha de no-memoria, pero aún reconoce el trazo de Laín, salpicado por la ya olvidada anécdota de que ella le enseñó a coger un lápiz...
Harley acababa de comprarse la arcilla de polímero cuando, saliendo de la sede de producción, recibió un correo.
-¡Dichosa Reina que todo lo quiere y todo lo quita!-, gritó enfurecida, sin ser consciente de la forma en que había formulado su enojo.
Un inquisitivo satélite milocular acusó el comentario, observó con gesto patriarcal a la muchacha y le reprochó desde las alturas su osadía.
Hecho esto, publicó la blasfemia en Internet, de manera que la red entera juzgara, como si todo ser humano fuese capaz aun sin saber lo que significaba el mundo más allá de sus ponderados ombligos.
En el caso de Harley el voto popular se puso en su contra, a pesar de que continuaba siendo una de las artesanas favoritas de la esclavista Araña.
Quizá precisamente por la cercanía a los quehaceres de la Reina era consciente de la putrefacta apariencia de los suicidas vecinos.
Continuaban tirándose en una sucesión que pecaba de armónica, incluso sonreían.
Querían que se supiera de ellos, así como saber de los demás.
Conocer sin hablar, sin escuchar.
El mundo de la comunicación incomunicaba a las personas.
Pero la gente seguía entusiasmada con los cotilleos y las lenguas bífidas que publicaban dichas... curiosidades.
Llegó la noche, helada por la lejanía del suelo firme, y la azulada se dispuso a cocinar miniaturas de suculentos platos para cenar, con la arcilla que había sujetado mientras leía las instrucciones del nuevo capricho real, horas atrás.
Tenía visita a la que recibir y para ello requería concentración y aislamiento del módem, cosa que podía molestar a más de un moderador adicto a la red.
El primero en llegar fue un juglar de interminables rizos. Guitarra enfundada y mirada serena, la calma que precede al improvisador amigo de las tocatas y fugas.
Harley le cedió su rincón favorito de meditación, el alféizar del ventanal, para que le deleitara con las figuras de Bach y Led Zeppelin, una no tan extraña combinación para las amoratadas orejas de la ninfa de azul.
- Deberías cantar-, le susurró su amigo cuando terminó la introducción de Stairway to Heaven.
- Quizás lo haga mañana-, contestó ella ensoñando.
Entonces, el dichoso siamés, habiendo disfrutado de la bocanada de flauta silenciada que en su imaginación acompañaba a la solitaria Sonora, arañó con mimo el instrumento.
- Vamos, ¡que el público pide algo más!
Harley se imaginó en un teatro occidental de finales del siglo XVIII. ¿Qué había pasado con las estructuras clásicas?
Tenía bien claro que a esas alturas nada podía haber sobrevivido o, al menos y sólo con suerte, estaban escondidos, a la espera de que los redescubrieran. Pero la holgazanería estaba a la orden del día, como el periódico publicitario que aparecía todas las mañanas a la misma hora en la ventana de cada dormitorio.
Tras las cortinas de su fantasía emulaba nanas satánicas, sólo por observar las caras de su desconcertado público.
- ¡Mi Ángel!-, gritó desde el escenario-, ¡las musas no pueden volar! ¿Por qué han perdido el sentido del humor?
Lloraba de alegría por poder cantar, de tristeza porque su canto no precedía la complacencia de ningún espectador. La rabia corría hacia abajo por sus mejillas de mármol celeste, quedaban resquicios del puritanismo más basto, más inculto, nocivo para su paranoico sueño.
Y se tornó pesadilla.
Un Dazed and Confused sonó de fondo a tiempo para despertarle.
- No es lo que suena, sino cómo. También se han olvidado de eso, es por ello justamente que no pueden escuchar, sólo oyen. Y mejor no hablemos de lo que componen.
<< La gente, vendida a las portadas bonitas y a la falacia de las masas, pues para ellos siempre llevan la razón, está dispuesta a continuar con la rutinaria estampa de comerse su propio vómito.
- ¿Por qué has dejado de tocar?
- Han llamado a la puerta y he ido a abrir.
- ¿Cuándo dices que te has ido?
Harley estaba muy confusa, pero se alegraba, en parte, de haber despertado.
Ahora era consciente de lo que acontecía a su alrededor. Tenía una manta cubriéndole sus pies desnudos, y lo que había supuesto inconscientemente una almohada era en realidad Arestes.
- Curioso...
Una sonrisa fugaz cruzó la cara del nuevo visitante, pero enseguida dibujó, como señal de nerviosismo, diminutos infinitos sobre el lomo del felino que yacía a su lado.
Harley no pudo contener la risa, y antes de que la situación se tornara más incómoda, le invitó a que se levantara.
- Hoy cenamos bajo la luz de las estrellas.
Las persianas estaban bajadas, las cortinas corridas -las pocas que había- y todas las luces del apartamento apagadas.
Los tres intrusos del rascacielos prendieron fuego a los píxeles de polímero que sobraban y los colgaron en el techo, emulando de manera torpe las eternas constelaciones que años atrás habían caído en el olvido.
- A saber cuántas piezas sucumbirán al alzamiento de más rascacielos, esta mañana me han encargado el diseño de otra de las monstruosidades que protagonizarán el nuevo horizonte.
<< Ella es muy caprichosa, más que yo, y por eso os he invitado esta noche a mi casa.
Una estrella fugaz navegó por el estucado hasta esconderse tras el módulo relleno de novelas extraviadas.
- Necesito que me ayudéis. Esto no es trabajo para una sola persona y su ordenador. Quiero carne y hueso sobre las paredes, que se note que lo han construido humanos y no simples máquinas o suicidas, los cuales no distan mucho de ser lo mismo.
<< Confío en vosotros, porque sé que no estáis atrapados en la pegajosa tela de mi jefa. Pronto llegarán más de nuestros defensores de las artes, tranquilos.
Se iban marchitando los astros sintéticos, Arestes rozó con sus labios el hombro de la muchacha, que ahora apartaba las cortinas y subía la persiana para observar con frescura el terrorífico y periódico paisaje del crepúsculo.
- Por mucho que nos lo quieran hacer creer, no estamos solos-, y apagó la última luciérnaga de esperanza para guardarla en el más profundo recuerdo.
Stairway to Heaven - The Song Remains the Same © Led Zeppelin.
Y, antes de prepararme para cocinar, os presento el cierre del post con uno de mis fragmentos favoritos del Intermedio del magnífico poeta Federico García Lorca:
No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!
Buenas noches, mundo.
miércoles 25 de febrero de 2009
M y un siamés.
Los rascacielos competían por alcanzar el Walhalla con sus narcisistas alturas, de manera que en sus azoteas el oxígeno escaseaba, o directamente formaba agrupaciones moleculares de corteza antirradiación.
Era un ozono verde de envidia; sin lugar a dudas extrañaba su grosor perfumado.
Algunos excursionistas de ideas descabelladas dibujaban en el aire puntos escafandra, sin ser conscientes de que su piel iba tornándose fría y gris. El capricho de sus ojos impedía que la seguridad imperara en sus cabezas. El único gobierno de sus brazos era aquel que les ordenaba colocarse un respirador en la boca y una bombona sobre la espalda, sin preocuparse por los oídos, que, uno a uno, iban estallando en una mascletà inaudible.
Cerezas en polvo cubrían la terracota.
Unas máscaras siniestras enrojecían de vergüenza.
Cada vez que los guantes de los que eran dueños cogían un instrumento, éste se desintegraba. El serrín, las virutas de adamantio, el cristal plástico, drogadicto, y los sellos despedazados se mezclaban con el aroma burdeos que a ras de tierra se posaba con delicadeza; siempre en las alturas, como si no conocieran el suelo del mundo al que aún pertenecían.
Y toda esa masa heterogénea de fragmentos se iba haciendo cada vez más grande, cubriendo con su manto a las ignorantes figuras sordas.
- Falta mucho para que amanezca -, dijo en voz alta el azulado espectro de lo que una vez fue.
Harley, extasiada mientras contemplaba los suicidios colectivos de madrugada, pensó, entre otras cosas, en intentar descubrir lo que se ocultaba en el subterráneo globo terráqueo.
- En vez de intentar tocar las estrellas, ¿por qué no limpiar el fango del suelo?
Un siamés de ojos perla le maulló con desprecio, como contestación.
- Lo digo muy en serio, Disney. Vivimos tan alejados de las raíces que un día nos caeremos y nunca llegaremos al suelo, sin opción a levantarnos. Mira a esas criaturas, bola de pelo, ¿crees que a estas alturas llegarán vivos al raso de la hierba?-. Hizo una pausa para contemplar el salto de un joven hastiado de la vida que aún no había sufrido.
- Y porque estoy atada con cables, sino yo también me habría caído. No me mires así, aún no puedo asegurarte si sería por accidente.
El enorme gato de pedigrí aullentó algunos canarios rabiosos señalando el fresco que Harley había pintado el pasado día. Huelga decir que la red protagonizaba una representación fiel de la creación del mundo según Internet. Una araña en el centro, rodeada de leptones y quarks sedientos. Entre sus patas, una carga puntual imaginaria, centro convergente de las líneas que crean el universo virtual.
Lo terrible de la imagen era la frialdad que demostraba la chelicerata en horas de arrancarle los miembros a las distintas subpartículas, supuestamente indivisibles, para después reorganizarlas entre los filamentos que, una vez tejidos, rodearían la corteza terrestre. Claustrofóbico.
- Cuidado, endemoniado sirviente de las leyes físicas. Hay más de un pajarraco creacionista observando-, le regañó con vehemencia:- aunque, pensándolo bien, ¿quién mejor que un gato cuyo apellido se lo debe a un fascista para exaltar mi repudio al dogmatismo que generan las religiones?
Harley no supo si era inteligencia, comprensión, aquello que afloraba en los ojos de su peluche con vida, pero, decidida a seguir con su monólogo, se puso más cómoda y apoyó la espalda en el alféizar de la ventana, mientras hacía tiempo hasta que la cafetería ambulante abriera.
- Es mejor no juntarse con esa gente, ¿sabías, minino? Cualquier religión es una enfermedad. Da igual cómo te la pinten de bonita, de salvadora. Sin embargo es más fácil vivir sabiendo que hay un cielo, ¿verdad? Por eso los estúpidos de allí arriba no dejan de mutilarse en su búsqueda, en vez de preocuparse por lo que tienen aquí abajo.
La muchacha disfrutaba con su nuevo compañero. No decía mucho, si es que un esporádico maullido podía servir de habla, pero allí se sentaba a hacer como que escuchaba, a dejar que ella soltara sus teorías, las verbalizara sin pensar que hacía el ridículo.
Desde luego era mucho mejor que conversar con las bífidas antiguas vecinas.
- Y después están los que van de salvadores... ¡Por favor! Si tan santos són, si tan cierta es su verdad pronunciada, ¿por qué no nos salvan en vez de acusarnos una y otra vez de pecadores? El honesto voto de silencio lo establecí yo misma en vías de escucharme mejor, no para demostrarle a alguien supuestamente superior que era digna de ganarme una vida mejor. Si es que lo fuera, sería capaz de conseguirla tarde o temprano, ¿no crees?
Un grito de desespero realzó sus palabras, proveniente de la relativa lejanía del piso de enfrente.
- Ah... mi querida res machina... Dios debió programarte mejor, para que hablaras. Ahora me siento más lunática que cuando no pronunciaba palabra. Pero el bonachón de Piotr me hizo edulcorarme, como la miel que llovió el pasado mes... Tardé días en quitarme esa pegajosa sensación. Así y todo no pude contenerme en comprarte.
Disney ronroneaba feliz, entre los brazos de su ama despeinada. Entonces, como si hubiese advertido algo nuevo, saltó de su regazo y olfateó debajo de la cama.
- ¿Qué buscas, pequeño?
Consiguió dormir a su gato, y desayunar café recién hecho apoyada en el andamio próximo a su terraza.
Con la llegada del amanecer, las muertes cesaban, o se ocultaban en las sombras que creaban el bosque de construcciones sin fin.
Y, disfrutando del pequeño manjar de buñuelos de calabaza, recuperó en su memoria fragmentos que caían de las alturas junto con cuerpos que distaban de tener aliento.
- Asesinos.
M(1931), by Fritz Lang.
Desazonar el rencor de los obscurantistas a veces sólo es posible con un triángulo menos divino, más divertido.
Me refiero, de forma un tanto aleatoria, a un vídeo educativo.
La risa forma parte del aprendizaje. El miedo de la ignorancia... Dichosas las palabras de Umberto Eco.
You're beautiful cover "A triangle", by Jamie Cullum, singing in Sesam Street.
Este dulce, mucho menos sibarita que el Schelkunchik de Tchaikovsky, sigue motivándome alguna que otra lágrima seca.
La belleza de la simplicidad, derivada de un mundo muy complejo, la abstracción de toda una historia de sonidos. Fórmulas conocidas mundialmente.
Y la sonrisa de mi hermano cuando consigue contar hasta diez no tiene precio.
La música de este humilde cantautor me recuerda esa sensación.
Estremecedora y romántica, cálida.
¿Estado de Bienestar?
Preferiría no encadenarme a un cierre circunspecto, pero hace tiempo que quería mostraros, a aquellos que lean mis líneas, un documental que interrelaciona la religión, el 11S y la Reserva Federal como las causas (o consecuencias) de las acciones autodestructivas, tanto a nivel personal como colectivo.
Se trata de Zeitgeist(del alemán, literalmente el espíritu del tiempo), dura alrededor de 115 minutos (por lo cual no he publicado directamente el vídeo) y se subdivide en tres capítulos: el primero habla de la religión, concretamente de la judeocristiana, el segundo de los sucesos terroristas relacionados con el 11 de Septiembre y el tercero, que aúna los otros dos temas, sobre el estado financiero mundial.
Es entretenido, tiene toques de humor... y una lógica más aplastante que el pedrusco de Sísifo. El director no se anda con tapujos, así que, en lo que respecta a la segunda parte del documental, las imágenes son crudas.
Pero, seamos sinceros, es la realidad.
No apto para dependientes morales.
Buenas noches, mundo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





